Salud mental y cooperativismo: ¿adentro y afuera?

la huella 2

*Por secretaría de Cooperación Social y Salud Colectiva

Los hospitales o institutos psiquiátricos, al igual que las cárceles, los conventos o los cuarteles son remanidos ejemplos de Instituciones Totales. Ejemplo al que se recurre  en la historia y en el estudio de las instituciones y la sociedad.

Sus características  físicas se verifican en la presencia de  muros, rejas, vallas, o sistemas de vigilancia del actual modo de control social. Demarcan su  espacialidad estableciendo un particular contraste -y acá está el punto que nos interesa- en relación con el mundo  “exterior”. Se parecen en ello a instituciones medievales. Sus características de totalidad refieren al sentido que se constata en que  la vida de las personas, o mejor dicho el “sujeto de la institución”, quedan tomadas en una especie de captura total. Capturado entre diferentes barreras  que también son jurídicas, médicas, burocráticas y administrativas. Son laberínticas y eso las tornan al conjunto de la sociedad “extrañas y temidas”. Incrementa sobre la sociedad en su conjunto el prejuicio sobre el padecimiento mental.  Las consecuencias ya constatadas de estas prácticas, son paulatinas pérdidas de autonomía, derechos, capacidades y habilidades sociales.

En el caso de los hospitales psiquiátricos,  si se suma a la condición de persona desfavorecida con una enfermedad grave como lo son muchas enfermedades psiquiátricas, un dispositivo institucional de estas características,  generará el aumento de la dependencia, disminución de las habilidades, más aislamiento, menos salud. Este modelo o sistema es lo que se conoce en el mundo como paradigma tutelar (paradigma como  conjunto de creencias y representaciones, formas de percibir hechos que tienen una determinación social e histórica). Este paradigma tutelar que nuestro país va abandonando paulatinamente hacia de una perspectiva de derechos humanos tanto en la atención de niños, niñas y adolescentxs, como en el caso de la atención en salud mental. También cabe señalar que el sistema mientras más tutelado, mientras más sujetos dependientes, que están  por fuera de la trama social, el costo económico para el estado, para el sistema de salud es mucho mayor. En la medida que la persona pierde capacidades de valerse por misma más se torna objeto de prácticas de distintas disciplinas.

Una gran cantidad  de países, especialmente desde la década del ‘70,  han abordado esta problemática entre sus prioridades sanitarias y de salud pública. Si se analiza la salida que encontraron, se ve que la perspectiva es hacia un modelo de asistencia basada en recuperar derechos, autonomía y menor dependencia. También es más inteligente desde el punto de vista del gasto público y de no generar lugares temidos y oscuros para el conjunto de la sociedad.

Es este punto, es donde se hace necesario insistir en la importancia del cooperativismo, del modelo cooperativo como sistema democrático y solidario de trabajo. Modelo de organización que  ubica a la persona en el centro de las necesidades y donde la solidaridad tiene el papel nodal antes que el de la competencia. El cooperativismo social es capaz de rescatar las capacidades de las personas tal cual se expresan,  y las integra a un sistema productivo de calidad y de intercambios en diferentes mercados: públicos, privados, institucionales solidarios.

Solo  en la medida que su práctica de gobernanza implica a sus miembros en cada decisión, estas cooperativas producen autonomía en las  personas con más ciudadanía y conscientes de la vida social en la que su cooperativa vive. No nos excluye basados en nuestras incompetencias que por  enfermedad o problemáticas sociales nos pueden atravesar, como ocurre en el modelo de empresa lucrativa y no solidario basado en la competencia en el que vivimos.

 

Esta modalidad solidaria del cooperativismo, llamadas: “Cooperativas Sociales” “cooperativas de iniciativa social”, “cooperativas de solidaridad”, “sociedad cooperativa de interés colectivo” etc., son las más recientes dentro del movimiento cooperativo, es uno de sus instrumentos más eficaces para transformar  los sistemas tutelares y de asistencia en integración socio-laboral.

Estas cooperativas requieren un tratamiento jurídico o normativo adaptado para levantar las barreras antes mencionadas, y requiere de un sistema de apoyo para la adaptación de las personas a los puestos de trabajo y una modalidad de implicancia donde cada uno/una encuentre un lugar adecuado a su necesidad.

En esta línea de innovación es que se formuló hace diez años el taller de maderas y muebles  La Huella, y logró constituirse hace solo cinco años en un formato cooperativo como un logro palpable de  estrategia de derechos, sin dejar de ser al mismo tiempo un dispositivo de alojamiento de cuidados y apoyos para personas con sufrimiento psíquico.

Los apoyos y la asistencia no son solo técnicos,  (personal del Hospital Borda) sino que proviene de la comunidad: donaciones de muebles, herramientas, camioneta, el voluntariado  (Trama Voluntaria), La Pata Cultural, una contadora pública nacional, una escribana. También las universidades nacionales y privadas: Universidad Nacional de Quilmes, Universidad Tecnológica Nacional, Escuela Argentina de Negocios, el sistema de residencias y concurrencias del sistema público de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y principalmente en este último tramo el  mundo cooperativo autogestivo con la Federación de Cooperativas Autogestionadas de Buenos Aires, Federación a la que estamos asociados.
Hablamos entonces  de una hibridación de recursos, que bien visto aliviaría al propio Estado si invirtiera en la lógica de construir cooperativas capaces de atender el problema de la inserción socio-laboral en el área de salud mental pues se entrecruzan recursos públicos – el Hospital, las universidades, el Ministerio de Desarrollo Social,  el Ministerio de Trabajo, y recursos comunitarios y privados. Esta estrategia “hibrida” mostró en estos diez años la eficacia en la mejora de la autonomía e independencia (cuarto principio cooperativo), la participación de los familiares, la menor necesidad de re-internaciones de las personas que pasaron por este formato  emprendedor e innovador.

La Huella supo perdurar hasta aquí,  desarrollar lazos comunitarios, sociales, jurídicos, que funcionan como  poros y grietas sobre el modelo de institución cerrada que describíamos al comienzo de esta nota.  

Este mix entre dispositivo de salud y cooperativa social, diseñado e  “inventado” en la práctica con La Huella dio como resultado el restablecimiento de  innumerables vínculos sociales, institucionales, comerciales, académicos, centrados  y articulados en la tarea de la producción del bien común.
Creemos que  abrió una huella para el acceso a los derechos  de sus miembros. Un capital colectivo  acumulado en máquinas, herramientas y productos.
Vida social con más de trece viajes a provincias y a países hermanos, salidas culturales y a eventos. Fue declarada de interés parlamentario a nivel nacional. Vida en redes sociales, en su página de Facebook cuenta con más de 6500 seguidores. Tiene cuenta de youtube e Instagram.

Hasta aquí se pueden escuchar los elogios, pero al mismo tiempo sus debilidades son grandes y hoy se muestran.  No logró institucionalizar su práctica al interior de la institución hospitalaria, su visibilidad como actor social de relevancia es escasa. La capacidad de autofinanciamiento sin ayuda pública  es inviable. Que es lo mismo que decir que personas con desventajas sin asistencia pública inteligente, solo profundizarán su discapacidad.

 

Hoy en día esta forma de ver y contar el desarrollo de este pequeño grupo cooperativo se encuentra en vilo pues no nos es posible seguir desarrollándonos en el sitio habitable y seguro que  otorgó el Hospital Borda. Por motivos mayores de re-funcionalización debemos dejar el espacio en octubre de este año. Si bien peticionamos una relocalización en el predio se torna muy difícil pues no contamos con los recursos hospitalarios para su instalación en condiciones aptas como las que la cooperativa tenía hasta ahora. Se abre para esta experiencia  innovadora tanto en el mundo cooperativo como en el mundo de la salud mental un momento de mucha incertidumbre sobre su posibilidad de constituirse como modelo replicable o quedar solo en un ensayo.
Desde el punto de vista de las oportunidades, que toda privación contiene, la de instalar  la Cooperativa de Trabajo en el “exterior” del hospital psiquiátrico, sin perder el “interior” de una salud mental basada en el  nuevo paradigma y en la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, sería el desafío de esta nueva etapa.