El G20, el futuro del trabajo y la autogestión

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Por Julia Cófreces, secretaría de FEDECABA

Las políticas neoliberales que se llevan adelante en nuestro país: el ajuste, los despidos, el cierre de fábricas, el endeudamiento, son todas elaboradas y digitadas puertas afuera, al servicio de otros intereses.

¿De qué intereses? De los países más poderosos, que vienen a reunirse esta semana. Se trata de 19 países, 20 con la Unión Europea, que junto a otros organismos, como el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial, La Organización Mundial del Comercio, pretenden tomar definiciones en nombre de los restantes 190 países que actualmente componen el mundo.

Es decir, 20 países y estos organismos pretenden decirnos cuál debe ser nuestro lugar en el mundo: qué debemos producir, cómo debemos hacerlo, qué derechos tenemos que suprimir para que los de afuera puedan seguir acumulando incesantemente, anulando cualquier tipo de soberanía nacional o estrategia regional de liberación que se aleje de estos mandamientos, como aconteció en Latinoamérica con los procesos populares de la última década.

Este difícil momento que atravesamos no solo debe servir para expresar nuestro rechazo y repudio al G20, sino que tiene que generar una construcción de alternativas. Para la construcción de una praxis de liberación, que surja del conjunto de nuestras experiencias, para superar el hambre y la miseria que se impone en la región. La salida no es sólo nacional, sino que es regional, y es del conjunto de los pueblos: articulando nuevas formas de participación, de construcción de lo político y de lo económico.

El futuro del trabajo

Uno de los lemas del G20 es “El futuro del trabajo” ¿Qué es lo que entienden los líderes de los países más poderosos del mundo acerca de esto? En este sentido vamos a mencionar dos elementos presentes en esta idea 1) la incorporación de tecnología 2) la economía de plataforma como un nuevo modo de explotación.

En el primer punto, claramente lo observamos cuando los países centrales celebran la incorporación de la tecnología como reemplazo del trabajo humano. Es decir, la introducción de una máquina se puede ahorrar gastar en 2 o 3 salarios de una persona. Esta situación excluye cada vez a más trabajadores del mercado laboral tradicional.

En el segundo punto, en la relación a la economía de plataforma, consideramos que se trata de uno de los modos de producción que muestra el lado más siniestro del capitalismo. Por un lado, nos encontramos frente a un modo de generar ganancia por parte de estas empresas que ya supone otra forma de propiedad de los medios de producción: UBER no necesita coches propios, AIRBNB no necesita la propiedad de los hoteles. Es decir, ya no se apoyan en la propiedad privada, sino que los medios son propiedad y aporte de les trabajadores: el chofer de UBER pone su propio auto, el de GLOVO su bici. En segundo lugar, se trata de empresas que invisibilizan al patrón, ya no estamos ante formas tradicionales del trabajo donde teníamos un dueño, un gerente o un espacio de recursos humanos a quien reclamarle mejoras laborales, ahora el patrón dejó de tener rostro y se convirtió en un dispositivo que si quiere te bloquea. Esto implica una enorme desprotección para les trabajadores que acceden a este tipo de ofertas laborales.

Con este sistema, las empresas acumulan enormes ganancias sin tener una sola máquina a su nombre y sin tener siquiera contacto con sus empleades. Y lo más siniestro de todo, es que estas empresas camuflan esta explotación bajo discursos como “sé tu propio jefe” “convertite en emprendedor” “administrá tus propios tiempos”. Otro punto para destacar es que estas nuevas formas del trabajo afectan principalmente a les más jóvenes, que sufren la máxima explotación, en pésimas condiciones laborales, sin tener siquiera a quién reclamarle.

¿Qué hacer desde la autogestión en este contexto?

Quienes practicamos la autogestión, ya sea desde una cooperativa de trabajo, una empresa recuperada, u otras experiencias de la economía popular, buscamos generar trabajo para cubrir nuestras necesidades, en condiciones que garanticen la participación y la igualdad de les trabajadores en un proceso productivo, donde “nadie se cree más que el otro”, donde las responsabilidades son compartidas.

Nosotres hablamos de “otra economía”: una economía para la vida y no para la acumulación de ganancia. Muchas de estas experiencias nacen de la resistencia: son o empresas que fueron puestas en marcha por les trabajadores tras el abandono, o emprendimientos que con mucho esfuerzo fueron desarrollando las personas que quedaron excluidas del sistema. Nuestra misión es convertir a estas experiencias de resistencia en alternativas.

Esto implica pensar algunas líneas estratégicas. Trabajar en conjunto con las universidades, para fortalecer a la autogestión y poner a estas instituciones al servicio de les trabajadores. Pensar el desarrollo tecnológico, incorporando tecnología, no para reemplazar el trabajo humano, sino para mejorar los procesos productivos. Generar instancias de intercooperación entre nuestras empresas. Educando el consumo. Esto es fundamental, porque la autogestión como alternativa no pasa solamente por la producción: pasa por consumir cooperativo, conocer qué experiencias autogestionadas o de la economía popular hay en nuestros barrios.

Como dijo el Vice-presidente de Bolivia e intelectual latinoamericano, Alvaro García Linera: “No tendremos larga noche neoliberal, sino una corta noche de verano neoliberal. Toca reconocer lo que hicimos bien, lo que mal, y prepararnos. Tenemos que prepararnos para volver a tomar el poder en los próximos años en el continente”.